El carácter del centro urbano y la personalidad propia de la población leonesa se han conformado en sus 429 años de existencia formal. Sus habitantes, a medida que fueron creciendo en número, construyeron y acondicionaron los espacios de vida doméstica, de trabajo y de relaciones.
Con el tiempo, la expansión física de la traza original integró en una unidad a los otros núcleos de la población que se habían establecido en sus primeros años de vida, con independencia aunque complementariamente: el Barrio9 Arriba y los pueblos inmediatos del Coecillo y San Miguel. En la etapa posterior, la del desarrollo del siglo XX, se fue tejiendo la vida urbana en una creciente complejidad, y con ella se multiplicaron las facetas de su fisonomía actual.
El desarrollo urbano de león durante sus primeros tres siglos fue lento. En 1596 había en la villa sólo 29 vecinos, con sus familias, que totalizaban unos 200 habitantes. En 1719 tenía 3,074 personas. La relación del obispado de Michoacán de 1731 dice que en cada uno de los pueblos próximos a la villa –San Miguel y el Coecillo- sólo habitaban diez familias. En 1970 el censo virreinal registró 23,711 habitantes. En cambio el crecimiento se aceleró, durante y después del periodo de revoluciones por la independencia nacional, cuando mucha gente se introdujo a León, atraída por un ambiente propicio para el trabajo, aun en medio de conflictos políticos y de la situación de inestabilidad y crisis que afectaba a todo México. Espacios arquitectónicos importantes de aquel tiempo fueron mesones, con piezas de descanso, comedores y taberna, caballerizas y herradero, vendimias y movimiento de carreras. Eran de desigual tamaño, limpieza y decencia. |