Siglo XIX.
 
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El siglo XIX fue testigo de un creciente desarrollo local: aumento demográfico constante, diversificación de actividades económicas, establecimiento de instituciones educativas y culturales y urgencia de ampliación en los servicios urbanos. Un mapa de principios del XIX señala el tamaño de la modesta villa de León, a punto de crecer para ser reconocida como ciudad en 1830, por contener a mas de 30 mil habitantes; a mediados del siglo ya era conocida como La ciudad del Refugio, cuando se calculaba unos 80 mil habitantes, pero llegaban a 120 mil dentro de los límites distritales.

Desde entonces se diversificaron sus actividades económicas pues mucha gente se sumó a las tradicionales actividades: elaboración de productos textiles –rebozos y tejidos de lana- curtido, talabartería, zapatería y herrería.León experimentó gran ampliación comercial, se consolidaron instituciones educativas, se arraigaron tradiciones, se intensificó la vida social y cultural y se desplegó una intensa actividad constructiva.

La actividad comercial en ese tiempo generó riqueza y solventó la construcción de algunos edificios modernos –los llamados almacenes- que, además de ofrecer productos extranjeros y nacionales, compraban y vendían la producción local. Llegaron los bancos, que operaron primero a través de comisionistas y luego adquirieron espacios para realizar sus operaciones.

La vida religiosa se intensificó desde la erección de la diócesis de León remodelando, acondicionando y decorando sus recintos.

En estos tres siglos de historia –XVII, XVIII y XIX- manifiestan una continuidad formativa con un crecimiento lento en los dos primeros y sumamente acelerado en el tercero. Tras lo que nos dicen de ella los espacios arquitectónicos, buscamos que mediante un reconocimiento físico nos hablen de quienes les dieron estructura y forma, así como de la vida desplegada en su entorno. A partir de la Plaza Principal nos acerquemos a algunos de ellos.

Las edificaciones que miran a la plaza.

El convento franciscano demolido en 1953, cayó luego de testificar tres siglos y medio de historia de León. Lo habían levantado al oriente de la plaza los frailes franciscanos al llegar a la villa en 1588 para atender la parroquia. El claustro tuvo tres plantas; en su fachada había, por cada uno de los pisos superiores una serie de ventanas angostas con cerramiento arcado. El primer patio cuadrangular distribuía los aposentos a través de corredores y el segundo permitía la salida a la calle posterior, ahora Justo Sierra.

Los franciscanos recibieron la orden de entregar la parroquia al clero secular en 1767. el señor cura Ignacio Aguado lo ocupó como colegio; unos años después lo entregó a los padres de San Vicente de Paúl, quienes le nombraron de San Francisco de Sales y lo incorporaron a la universidad Pontificia de México. El espacio del convento quedó destinado al seminario mayor y en los terrenos de la huerta levantaron el nuevo edificio para el seminario menor. Posteriormente el ex convento fue cuartel militar en varias ocasiones, seminario diocesano de 1864 a 1914 y en una temporada alojó al Colegio del Estado.

El portal Guerrero antes de los Jarcieros, al sur de la plaza, se debe a la venta que el cabildo hizo de dos fracciones de su plaza mayor en 1737.

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Casa Obregón hacia 1955.
 
Patio de la casa en la calle Altamirano, primera cuadra.
 
Bóveda y Altar principal, Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe .
 
Fachada y planta alta del hotel María Reyna, calle Juárez, primera cuadra.
 
Palacio Municipal, visto desde el portal Guerrero.