Los espacios de trabajo.
El trabajo manufacturero, característico de la ciudad de León de ese tiempo, no propició edificios relevantes porque las actividades se realizaban en talleres domésticos compartiendo el área de la vivienda. Quienes controlaron la producción de varios artesanos, concentrando el trabajo en un solo lugar, fueron primero los reboceros, que sólo necesitaron de antiguas bodegas o galerones, para agrupar varios telares o distribuirlos en cuartos de casas desocupadas. La industrialización llegó con el montaje de las primeras fábricas textiles, que sí requirieron edificios e instalaciones adecuadas: La Americana, fundada en 1877, trabajó hasta los cuarenta del XX entre las calles de La Soledad (Aquiles Serdán) y el Ratón (Melchor Ocampo); La Constancia permaneció activa durante unos 25 años, desde principios de los noventa del XIX hasta que las huestes revolucionarias tronaron las cortinas de la presa de la hacienda y causaron estragos.
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