Aglutina no sólo la devoción de los parroquianos, sino que es foco de vida social. Procuró tener un recinto que supliera el primitivo, de adobe, desde 1834, pero se construyó por los cincuentas, el que a su vez se derribó en 1902, paraque en su espacio se construyera el actual con apoyo de faenas en las que participaban obreros aún niños. En cuanto a su función eclesiástica, desde 1871 fue vicaría de la parroquia del Sagrario; recibió la categoría de curato en 1923, por decisión del obispo Valverde y Téllez.
Pequeñas capillas formaron parte de la fisonomía y la vida del Barrio: con una tradición muy antigua, en el templo de san Nicolás Tolentino, antiguo sitio ermita, se aprecia una gran movimiento celebrando a su patrón, cuando se bendice los panecillos miniatura. San Francisco de Paula, Jesús Nazareno, San José de Gracia y el Santo Niño Perdido, cada uno tiene sus festejos propios.
De los intereses profesionales e ideales de educación de esos fines del siglo XIX puede dar cuenta una biblioteca de una familia habitante del barrio, de Jesús Barrón, probablemente de profesión abogado. Su biblioteca revela el gusto por la lectura como entretenimiento y como medio de ilustración y educación, marcando patrones y modelos.