En la década de 1770 el recaudador de los reales tributos, abusando de su cargo y aludiendo a la costumbre, cobraba impuesto a los artesanos de la villa de León, cuatro pesos de cada telar y dos de cada pila para cubrir pieles. Considerándolo injusto y oneroso, un vecino del barrio hizo cabeza para evaluar protesta que llegó al presidente y a los oidores de la Audiencia de la nueva España, donde se tomó en cuenta la relación del caso y se emitió contestación. Lo dispuesto fue rubricado por autoridades virreinales el 8 de julio de 1776 y recibido en conformidad por las de la Villa de León para su ejecución.
La sociedad había seguido un proceso de mestizaje, con cierta homogenización de la cultura, aunque la tendencia era lo español, lo europeo. Sin embargo, a fin de lograr regular el cobro de impuestos, por el siglo XVIII los reyes borbones marcaron un gobierno moderno y liberal, de controles mas eficientes. Proponían romper con las estructuras corporativas y sin embargo, con fines de recaudación, se obligó a los diversos grupos de personas a vestirse de tal o cual manera, para distinguir a quienes pertenecían a ciertas categorías (calidades) de personas sobre las que se tasaba el tributo.
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