Su perforación en el Barrio de Arriba significó un esfuerzo grande, en tiempos más recientes, para aportar agua a la ciudad que crecía. Fue el primero de una serie de cuatro situados en puntos estratégicos. Comenzó a derramar el agua deseada el 30 de noviembre de 1897, con una profundidad de 174 metros y una extracción de mil litros cada 24 horas. Costó 4000 pesos. Le siguió el de la Plaza Principal, con profundidad de 207 metros, y posteriormente el de la plaza de Santiago.
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