Los movimientos de independencia de 1810, provocaron la crisis económica consiguiente y se propició –hacia la población leonesa- la migración de personas que proveían de zonas mayormente afectadas. En 1836, don Lucas Alamán, ministro federal de la economía, propuso, para levantar a la naciente nación, el desarrollo de la industria, con la creación del Banco del Avío. El jefe político, Julián de Obregón, se sumó a estos esfuerzos y por ello se le ha reconocido el mérito a este impulso.
Asienta además la importancia de la fabricación de corambres, de tejidos de lana y algodón y, sobre todo, de rebozos. Un par de años después -1838- se reitera que el giro de tenerías ocupaba a gran parte de la población.
Siguiéndole la pista al ramo, para 1875, según informe de gobierno del Estado por Florencio Antillón, en león había 17 pilas que curtieron en un año 31824 piles con la intervención de 68 operarios. Ya desde 1870 se había establecido una empresa, la Tenería Francesa, que procuraba la reproducción y un incipiente interés por buscar nuevas técnicas, con sistema de curtido mixto. Una década después, en 1884-1885 se anunciaba como curtidores relevantes Gregorio Medel y Luis Medina en la calle de la Soledad, así como Estanislao Muñoz, José ángel Muñoz, Severiano Ruiz y Florencio R. Sánchez, en la de San Nicolás.
Una de las negociaciones formalizadas en ese tiempo para reproducir capital fue la de Gordoa y Lavalle, sociedad en Comandita Simple, para manejar una tenería que no sobrevivió a los movimientos revolucionarios. Su capital de doscientos mil pesos, fue el mayor declarado en 1900 ante el registro Público de la Propiedad por aquellos años.